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  1. CENTRO

¿Por qué desapareció Gabriel?

La familia de Gabriel Cordova Tejada espera aún respuestas para cerrar un ciclo que comenzó hace dos años. No hay pistas del estudiante de USF que continúa desaparecido tras salir de su casa.
Ángela Tejada recuerda el día que su hijo, Gabriel Cordova Tejada desapareció, hace dos años. Ángela cree que Gabriel está muerto, aunque sus otros dos hijos creen que todavía podría estar vivo. [MARTHA ASENCIO RHINE | Times]

CENTRO Tampa

Nota del editor: esta historia incluye una discusión sobre el suicidio. Si usted o alguien que conoce está considerando suicidarse, comuníquese con la Línea Nacional de Prevención del Suicidio al 1-800-273-8255 o suicidepreventionlifeline.org/chat/ o llame al Centro de Crisis de Tampa Bay marcando 2-1-1.

ST PETERSBURG - La mamá de Gabriel sigue recordando esa noche.

Ella quería que él limpiara la cocina: lava los platos, le dijo. Despeja el mesón. No hay espacio para comestibles.

Gabriel Cordova Tejada, de 20 años, estaba recostado en el sofá de la sala estudiando para un examen que debía presentar a la mañana siguiente en la Universidad del Sur de Florida.

"Está bien", dijo, sin levantar la vista de su computadora portátil.

Pero cuando su madre y su hermano menor regresaron de Costco, el 21 de febrero de 2018, Gabriel estaba dormido en el sofá. El lavabo estaba lleno, el mesón rebosado de tareas escolares y correo.

Ángela Tejada, entonces de 55 años, lo despertó preocupada.

Estaba estresada, un poco más enojada de lo normal, dijo Emilio, el hermano menor de Gabriel. Se llevan dos años de diferencia. Pero Gabriel no discutió. Parecía molesto consigo mismo.

Llevó su computadora a su habitación y cerró la puerta.

En los últimos meses, había pasado más tiempo del usual en su habitación. Su familia pensó que era porque sus clases universitarias se estaban volviendo más difíciles.

"No pensé nada particular acerca de eso", dijo Emilio.

A la mañana siguiente, alrededor de las 5:30 a.m., Emilio se fue a tomar el autobús a la escuela secundaria. Una hora después, Gabriel llevó a su madre a su trabajo en un consultorio médico cercano, donde trabaja en colecciones. “Gabby, ¿estás bien? ¿Tienes tu almuerzo?”, preguntó su madre. “Respondió que sí, y adiós, como siempre”.

Se suponía que Gabriel regresaría a su condominio en St. Petersburg, tomaría su mochila y luego cruzaría el puente hacia Tampa para tomar su examen de las 9 a.m.

Cuando Emilio llegó de la escuela a casa, justo después del mediodía, vio el teléfono de su hermano en la mesa de café y pensó: ‘Quizás lo olvidó’. Minutos después, notó que estaba rayado.

Alguien había grabado unos números en la pantalla: el código de acceso de Gabriel.

"Lo desbloqueé", dijo Emilio. "Fue entonces cuando encontré la nota".

***

Han pasado casi dos años y nadie ha visto ni oído nada de Gabriel. La policía se ha quedado sin pistas.

Su madre está segura de que sabe lo que pasó.

Sus hermanos esperan que ella esté equivocada.

***

En la República Dominicana, donde creció Gabriel, la mayoría de su familia vivía cerca. Abuelos, tíos, tías, decenas de primos repartidos por Santo Domingo, la capital.

Sus padres se habían divorciado cuando era pequeño, pero su padre estaba cerca. Gabriel y Emilio fueron a la misma escuela durante 10 años, tenían compañeros de clase de toda su vida.

Pero en 2013, Ángela temía por sus hijos. Entonces eran adolescentes, y las pandillas se reunían en las calles después del anochecer.

"Muchas cosas malas comenzaron a suceder a nuestro alrededor: robos, asaltos, incluso la policía estuvo involucrada", dijo Ángela. "Quería que mis hijos estuvieran a salvo".

Su hijo mayor, Mario, se había mudado a Florida ocho años antes y se había convertido en piloto. Él y su esposa estaban criando tres hijos en Seminole. Ángela, que trabajó en finanzas en la Embajada de Estados Unidos obtuvo permisos de residencia para ella, Gabriel y Emilio, y siguió a Mario al área de la Bahía de Tampa.

Inscribió a sus hijos en la escuela secundaria de St Petersburg.

"Le tomó un tiempo adaptarse", dijo Emilio sobre su hermano. “Vine como estudiante de primer año, comenzando de nuevo con todos los demás. Pero Gabriel vino después de que todos ya tenían sus grupos".

Gabriel tomó clases de arte, pintaba bodegones de palmeras en macetas con fondos soleados. Intentó integrarse al equipo de natación, pero no pudo seguir el ritmo. Después de la escuela, se ofreció como voluntario en la tienda de regalos de St. Anthony’s Hospital y, aunque era terriblemente tímido, se exigió a conversar con clientes y compañeros de trabajo.

En casa, Gabriel jugaba Call of Duty y Zelda con su hermano. Le gustaba abrazar a su gato, Kikita. Veía películas de Marvel. Componía canciones en su guitarra. "Era bien bueno, realmente bueno", dijo Emilio.

Un día, cuando Gabriel tenía 15 años, comenzó a cantar en voz alta, brincaba por la sala, sonriendo y tocando la guitarra. “Estaba muy, muy feliz. Realmente hiperactivo”, dijo su madre. "Como que no era él. Seguía diciendo que iba a escribir canciones de amor y hacer del mundo un lugar mejor ".

"De repente, él era tan maníaco", dijo Emilio. "Nos tomó a todos por sorpresa".

Al día siguiente, Gabriel estaba sollozando, diciendo que quería suicidarse. Su madre lo llevó al pediatra, quien lo envió a un psiquiatra, que lo diagnosticó como bipolar. Durante dos años Gabriel siguió viendo a un consejero, de vez en cuando. Pero su madre contó que nunca tomó ningún medicamento, nunca tuvo otro episodio. Nunca volvió a mencionar el suicidio.

***

Gabriel Cordova Tejada el día de la graduación de St. Petersburg High School. Foto: Cortesía Angela Tejada

Las fotos de graduación muestran a Gabriel sonriendo con su familia. En el anuario de 2015, debajo de su retrato senior, eligió esta cita: “El tiempo no tiene reembolsos. Así que pásalo bien".

Obtuvo una beca Bright Futures, suficiente para cubrir la matrícula en la Universidad del Sur de Florida en Tampa. Se matriculó en la escuela de ingeniería, aunque no estaba seguro de qué campo seguiría. Consiguió un trabajo en el último piso del centro de estudiantes, 20 horas a la semana, procesando solicitudes de compra de grupos de pregrado.

Algunos días, conducía hasta la universidad 45 minutos en el viejo Camry de su madre. Otros días, viajaba en autobús, le tomaba el doble de tiempo.

Nunca llegó tarde. Nunca se quejó, dijo su supervisor, Mike Stuben.

“Pasaba todos los días rodeado de estudiantes que tenían más privilegios, pero nunca estuvo amargado o malhumorado. Hablaba con gratitud sobre todo lo que tenía”, dijo Stuben. “Sabíamos que tenía una familia realmente fuerte que amaba y con la que estaba comprometido.

"Parecía tímido, pero nunca infeliz".

Genane Bien-Aime, quien trabajó con Gabriel en la USF, dijo que era callado. “Literalmente tranquilo. Cuando hablaba, lo cual era raro, había que inclinarse para escucharlo”.

Bien-Aime es de Haití, y llamaba a Gabriel "mi hermano de la isla". Ella se propuso como misión entrenarlo para que hablara más fuerte, estrechara las manos de las personas, mirara a los ojos. "Comenzó a abrirse, al menos conmigo", dijo. "Hablaba de política, su familia, comida. Él nunca compró el almuerzo, siempre lo trajo de su casa en estos pequeños recipientes Tupperware”. Le contó sobre un plato que hizo su madre, frijoles dulces con azúcar. "Al día siguiente, trajo algunos para toda la oficina".

Era respetuoso, profesional, siempre llevaba pantalones largos y polos. Él era el único estudiante en la oficina, dijo ella, que mantenía su escritorio limpio. No parecía tener muchos amigos.

"Se notaba que era cercano a su madre", dijo. “Su rostro se iluminaba cuando hablaba de ella. Él caminaba a la biblioteca a veces, después del trabajo, y le compraba pequeñas cosas con el logotipo de la USF ".

En el otoño de 2017, Gabriel les dijo a sus compañeros de trabajo que tenía que encontrar una pasantía en su campo, ingeniería. Tendría que dejar de trabajar en esa oficina. Incluso en su último día, su jefe dijo: "Estaba tomando notas sobre cómo mejorar, para poder dejar información que ayudaría a capacitar al próximo estudiante para hacer el trabajo".

Regresó un par de veces de visita. Sus clases iban bien, dijo. Cerca del final de ese semestre, se detuvo para desearles felices vacaciones a todos.

La siguiente vez que sus compañeros de trabajo lo vieron fue en el centro de estudiantes, en el patio de comidas, en un cartel de una persona desaparecida.

***

Emilio Cordova Tejada visiblemente triste cuando habla acerca de su hermano Gabriel, quien desapareció hace dos años. [MARTHA ASENCIO RHINE | Times]

La nota en el teléfono de Gabriel era en español. Emilio la leyó dos veces, intentando que tuviera sentido. La marca de tiempo era de tres horas antes: 9:06 a.m. No estaba dirigida a nadie. Comenzó con un signo de interrogación.

“¿Tienes todo el derecho a estar decepcionado?”, había escrito Gabriel. “Me estoy aprovechando de ti, de tu generosidad, tu sacrificio, tu paciencia, tu salud, tu vida. ... Soy un peso, no te culpes ...”.

Desde los 7 u 8 años, Gabriel escribía, se consideraba a sí mismo como “disfuncional y tenue ... lento, bipolar, socialmente aislado...” Tal vez es un desequilibrio químico, escribió, o "porque estoy poseído por Belcebú ...”.

“Hoy, he decidido tomar la acción más egoísta para alguien en mi posición privilegiada”, decía la nota. “No, por favor no llores por mí ... no quiero más atención que la de una hormiga aplastada”.

Terminó con un mensaje críptico: "Gané uno de los premios de Darwin".

Emilio pensó que sabía lo que eso significaba: Gabriel se había propuesto hacer algo sumamente estúpido. Los Premios Darwin se otorgan anualmente a las personas que mueren de la manera más tonta.

Sorprendido y asustado, Emilio llamó a su madre, quien no respondió. Entonces llamó a su hermano mayor, Mario, de 30 años, quien se apresuró a recoger a su madre en el trabajo. Cuando llegaron a casa, el Camry estaba en el estacionamiento, con las llaves enganchadas justo dentro de la puerta.

Emilio había encontrado la mochila, la computadora portátil, la billetera, el almuerzo, incluso las zapatillas favoritas de Gabriel. Le entregó el teléfono de Gabriel a su madre. Mario marcó el 911.

Un policía llegó rápidamente, pero le dijo a Angela que Gabriel tenía la edad suficiente para alejarse.

Era legalmente un adulto, aunque también se le consideraba en peligro según Suzanne’s Law. Parte del sistema de Alerta Amber dice que la policía no debe esperar para comenzar a investigar a una persona desaparecida menor de 21 años, según el mandato federal.

"Pensé que tal vez si comenzaban a buscar antes, podrían encontrarlo antes que él ... lo que sea", dijo su madre.

Una línea cronológica del Departamento de Policía de St Petersburg dice que los oficiales llamaron a los hospitales y la cárcel esa tarde, registraron el área cercana.

Los hermanos de Gabriel, y el hombre de mantenimiento del complejo de condominios Enclave, también recorrieron la propiedad de cuatro acres. Está cercada, contaba con un código de acceso para pasar por la puerta. En la parte posterior, hay un estanque alimentado por manantiales, rodeado de manglares y pantanos que revisaron.

Su madre se quedó en casa, en caso de que Gabriel regresara. "No era realmente independiente. Él no se iría solo, o iría de campamento o algo así ", dijo.

¿Se iba a suicidar? Ella se preguntó. Él no tenía arma, que ella supiera, ni siquiera un cuchillo de caza. ¿Ya lo había hecho? ¿Tal vez se lastimó? O simplemente se alejó: para escapar, para castigar a su madre, para que sea más fácil para todos.

Ángela seguía imaginándose a Gabriel solo, frío y asustado, perdido o herido, desesperado. A medida que pasaban las horas, imaginó aguas negras y caimanes. A la mañana siguiente, fue a la policía para exigir una investigación más profunda.

Esa tarde, casi 30 horas después de que Emilio encontró la nota de Gabriel, los oficiales llamaron a sabuesos de la Oficina del Alguacil del Condado de Hillsborough y un helicóptero de la Oficina del Alguacil del Condado de Pinellas. Los perros olfatearon la sudadera con capucha de Gabriel, pero solo siguieron su aroma hasta la calle Martin Luther King Jr. El helicóptero encendió luces infrarrojas que detectan el calor corporal pero no encontraron ninguna debajo del denso follaje. Los oficiales recorrieron los negocios locales, pero nadie había visto a Gabriel.

Lo ingresaron en una base de datos nacional de personas desaparecidas, compartieron su caso en la página de Facebook de la policía, llamaron estaciones de televisión, contaron su historia en inglés y español. No está claro si revisaron las cámaras del autobús de la ciudad, que se detuvo a pocas cuadras de su casa. O habló con alguien en la estación del Greyhound. "No hay registro de quién fue entrevistado en este caso", dijo Al Cope, sargento de policía de St Petersburg.

Cope ahora supervisa la unidad de violencia personal, pero no participó en la búsqueda de Gabriel.

"No hay diferencia en el protocolo para las personas con enfermedades mentales, o que podrían ser suicidas", dijo Cope. "Hay muchos lugares para esconderse si no quieres que te encuentren".

Cuatro días después de que Gabriel desapareció, la policía trajo perros cadáveres. Al día siguiente, se contactaron con amigos y compañeros de trabajo, de la escuela secundaria y la universidad. Registraron su celular y computadora portátil. Sus hermanos revisaron las cuentas de Facebook, Snapchat y Twitter, revisaron las descargas de YouTube. Nada sospechoso, sin pistas. Su madre llamó al banco. Su cuenta no había sido tocada.

Una semana después de su desaparición, su familia encontró un investigador privado, que los ayudó a imprimir volantes. Ángela los colgó por todo St. Petersburg y mantuvo una buena cantidad en su auto para dárselos a extraños. "Visto por última vez con jeans y una camiseta gris", decía el volante. Incluía dos fotos, una de Gabriel frente a un fondo azul cielo, mirando al frente, sin expresión. El otro de él con su gato blanco y negro.

"La gente que ni siquiera conocía me decía que tuviera fe en Dios. Pero eso me hizo enojar”, dijo Ángela. "No soy rezandera. Sé que no es real ".

Lo peor, dijo, era que todas las personas ofrecían teorías sobre lo que podría haber sucedido.

¿Qué pasaría si tuviera amnesia, dijeron, y no supiera quién es o dónde está? ¿Y si hubiera huido para unirse a ISIS? ¿Y si se hubiera ido a la República Dominicana y se estuviera escondiendo allí? ¿Y si alguien lo hubiera secuestrado? Tal vez estaba siendo objeto de tráfico sexual.

***

Ángela Tejada y su hijo menor Emilio Cordova Tejada junto a un retrato de su hijo Gabriel Cordova Tejada, quien desapareció sin dejar huella. [MARTHA ASENCIO RHINE | Times]

Alrededor de 600,000 personas desaparecen en Estados Unidos cada año, según el Sistema Nacional de Personas Desaparecidas y No Identificadas. Muchos se encuentran dentro de un par de días, ilesos. Otros son víctimas de crímenes, cuyos cuerpos son descubiertos. Algunos se alejan, confundidos. Algunos planean sus propias escapadas.

Se estima que 100,000 casos permanecen abiertos anualmente.

Desde 1960, en Florida, 1,399 casos de personas desaparecidas están abiertos.

El condado de Pinellas tiene 67 investigaciones en curso, incluidas cinco de 2018, el año en que Gabriel desapareció.

Su caso es diferente, dijeron la policía y otros expertos. No era conocido por consumir drogas, beber o pasar la noche fuera. Su círculo de amigos y familiares era pequeño. No hubo escena de crimen, ni signos de violencia. "Aquí hay un joven sano, sin antecedentes de comportamiento riesgoso", dijo Yolanda Fernández, vocera de la policía de St. Petersburg.

La desaparición de Gabriel fue reportada en el periódico estudiantil, y las estaciones en español emitieron segmentos cortos.

De todas las personas que desaparecen, las mujeres blancas de edad universitaria son las que tienen mayor cobertura mediática, dijo Bryanna Fox, profesora asociada en el departamento de criminología de la USF. El Spruce Lab estudia a las personas desaparecidas y ayuda a trazar patrones sobre quién es encontrado y encontrado más rápido.

Michelle Jeanis, profesora asistente en el departamento de justicia penal de la Universidad de Louisiana Lafayette, dijo que es difícil exponer a los hombres que desaparecen. "Tal vez los vemos como menos vulnerables, o creemos que pueden manejar mejor lo que hay en el mundo".

El género y la raza no parecen jugar un papel en las investigaciones policiales, dijo Fox. "A menos que sea un bebé o una persona mayor, entonces responden más rápido porque esa persona podría estar en mayor peligro".

Después de dos días en las calles, las personas comienzan a necesitar comida y dinero, y podrían verse atraídas a situaciones riesgosas. Después de 72 horas, dijo, el riesgo de ser encontrado ileso aumenta exponencialmente.

***

Pasó la primavera, cada semana era más agonizante. Ángela volvió a trabajar, pero no pudo concentrarse. Emilio tuvo problemas para terminar su último año de secundaria.

En marzo, la policía recibió información para revisar las instalaciones de salud mental en el condado de Manatee. Pero no había rastro de Gabriel. En abril, un primo llamó para decir que alguien había visto a Gabriel en Largo. Luego, alguien más dijo que lo vieron en Crescent Lake Park. Su madre condujo hasta allí y vio a un joven que se parecía a su hijo, pero no lo era. Ella se sentó en su auto temblando.

El investigador privado obtuvo una pista de que Gabriel podría estar en California. Eso tampoco funcionó.

En mayo, un cuerpo apareció en la Reserva de la Isla Weedon, en la Bahía de Tampa, no lejos de la casa de Gabriel. Los detectives le pidieron a su madre sus registros dentales, luego el ADN de ella y sus hermanos. Determinaron que los restos eran de alguien que saltó del puente Skyway. Pero no era Gabriel.

Ángela escribió al jefe de policía ese mes, criticando cómo se había manejado el caso. Deberían haber actuado antes, dijo. Todo lo que había escuchado eran excusas.

Su hijo tuvo tiempo esa mañana para cambiar su apariencia o su ropa. Podría haber sido recogido por alguien.

El 21 de septiembre, el cumpleaños número 21 de Gabriel, su madre publicó fotos antiguas de él en sus dos páginas de Facebook. Ese día, dijo, fue la última vez que entregó volantes. Si él se hubiera escapado, dijo, seguramente ya habría regresado a casa, o al menos la habría contactado.

***

¿Cómo continúas cuando no hay nada que seguir?

Te ilusionas al menor indicio de esperanza. Caes cuando llegas a otro callejón sin salida. Ansías respuestas, incluso así sean horribles.

No puedes llorar ante la tumba de tu hijo o acunar su urna.

El 22 de febrero de 2019, el aniversario de la desaparición de Gabriel, su madre y su hermano menor fueron a la USF. Su madre no había cruzado ese puente hacia Tampa en un año. Ella nunca había conocido a sus compañeros de trabajo.

Lloró al darse cuenta de lo mucho que él significaba para ellos.

Gabriel fue "absolutamente el trabajador estudiantil más increíble que hemos tenido", le dijo su supervisor.

Ese abril, los invitó a una cena de premiación y presentó una nueva placa: el Premio Gabriel Cordova Tejada a la Excelencia Estudiantil, para el mejor empleado en la oficina de Servicios Comerciales para Estudiantes.

"Quiero mencionar que este honor no es porque Gabriel haya desaparecido", dijo Stuben a Ángela. "Pero es sobre cómo vivió".

Schea Shackelford, quien había trabajado con Gabriel, ganó el premio. Esa noche, en casa, ella se sintió decaída. “Estaba feliz, pero la realidad de la situación comenzó a hundirla”, dijo más tarde. “No sabemos dónde está. Solo esperamos que esté bien".

***

Ángela Tejada con su hijo, Gabriel Cordova Tejada, quien desapareció hace dos años. Ángela cree que su hijo está muerto. Foto: Cortesía de Ángela Tejada [Courtesy of Angela Tejada]

La mamá de Gabriel se culpa a sí misma. Mirando en retrospectiva, dijo, que debería haber visto las señales.

Cuando comenzó a retirarse a su habitación, ¿era para estudiar? ¿O porque estaba deprimido? Tal vez debería haberlo hecho ir al psiquiatra más regularmente. Tal vez si hubiera estado tomando medicamentos ...

"Tenía insomnio", dijo. "Lo oía pasear por la casa. Probó las pastillas para dormir, pero le dieron dolor de cabeza. Le preparé el té Sleepytime, pero nunca pareció ayudarle”. Le preguntó a su hijo cómo se sentía todo el tiempo, dijo. Nunca admitió que algo estaba mal.

A veces, las personas con enfermedades mentales no saben a qué se enfrentan, no pueden expresar sus palabras o quieren proteger a otros de sus problemas, dijo Jon Rottenberg, profesor de psicología que supervisa el laboratorio de estado de ánimo y emociones de la USF. Algunas personas tienen solo un episodio bipolar y se acabó. Otros luchan toda su vida.

"Las causas de estrés de la vida pueden desencadenar episodios maníacos o depresivos", dijo. "No es fácil predecir qué provocará cambios de humor, pero una vez que comienzan a suceder, las cosas pueden ir en espiral".

***

La mamá de Gabriel quiere limpiar su habitación: tirar todos sus marcadores y resaltadores viejos y el desorden de su escritorio. Regalar su ropa. Al menos hacer espacio para que su hermana duerma.

Pero su habitación permanece intacta. Su obra de arte todavía ilumina las paredes verdes musgo que ayudó a pintar. Su guitarra Yamaha todavía está sobre su cama.

Su madre no pudo cambiar nada. ¿Y si algún día llega a casa?

Ella no cree que eso suceda. Ella ha dejado de esperar su llamada telefónica. Ella está segura de que su hijo se suicidó.

"Tengo pesadillas de él colgando de un árbol, descomponiéndose en arenas movedizas, ahogándose", dijo. "Ahora, si estuviera vivo, estaría aquí con nosotros".

Ella amplió una foto de Gabriel con su gato, y colgó el retrato del tamaño de un póster junto a la puerta principal. Él la mira, dijo, todas las mañanas cuando ella se va a trabajar, todas las tardes cuando llega a casa. En su oficina, su rostro es su protector de pantalla.

La policía dice que necesita ayuda, alguien que vio algo, cualquier cosa para seguir la investigación. El caso de Gabriel está sin resolver.

El investigador privado también está desconcertado. Ella también ha agotado todas las pistas.

Su historia apareció en un podcast llamado Vanished y en un canal de YouTube llamado Searchlight. Pero ninguno trajo algún rastro.

Hasta que alguien presente una pista, todo lo que cualquiera puede hacer es esperar a que la oficina del forense llame. Sin un cuerpo, su madre ni siquiera puede lograr que lo declaren fallecido.

"Necesito un cierre", dijo. "Sólo quiero saber".

Ya no hay nadie con quien pueda hablar sobre Gabriel. Sus amigos tienen miedo de preguntar. los muchachos no creen que esté muerto. "Mario está seguro de que volverá a aparecer algún día".

Una publicación de Emilio Cordova Tejada en su página de Facebook, pidiendo a la gente información sobre la desaparición de Gabriel, su hermano. Foto: Cortesía de Emilio Cordova Tejada.

En una tarde a fines de enero, Mario se detuvo en el condominio de su madre. Gabriel no se suicidó, dijo. El simplemente desapareció.

“Hizo autostop en alguna parte, tal vez a Canadá o México. Tal vez se subió a un autobús”, dijo Mario.

Gabriel dejó su tarjeta de cajero automático, dijo su madre, dejó $ 7,000 en el banco. Dejó un hogar cálido, una madre consentidora y hermanos que lo amaban. ¿Habría dejado todo eso y se habría reducido a mendigar?

"No sabes si tenía otro efectivo", dijo Mario. "Tal vez está demasiado avergonzado para volver. Tal vez, algún día, él aparecerá aquí en la casa. O sus hijos o nietos vendrán a buscarnos, queriendo saber cómo era ".

"¿Sería lo suficientemente valiente como para hacer eso? ¿Simplemente desaparecer?”, preguntó su madre.

Mario la miró y luego miró hacia abajo. "¿Habría sido lo suficientemente valiente como para suicidarse?"

Emilio no está seguro de qué pensar. Su hermano mayor podría estar viviendo una nueva vida. O podría ser "comida de tiburón" por ahora. Al igual que su madre, Emilio sueña con Gabriel. "A veces, todavía está con nosotros. Solo estamos teniendo un día normal. Luego me despierto y, a veces, no me doy cuenta de que todavía no está aquí ", dijo Emilio.

Otras veces, en sus sueños, Gabriel le da la espalda y se aleja. "Siempre trato de evitar que se vaya", dijo Emilio. Cerró los ojos y sacudió la cabeza. "Pero … ".

Si tiene información, llame a la policía al 727-893-7780. Visite la página de búsqueda de Gabriel en: Facebook.com/findgabrielcordovatejada/

La investigadora de noticias Caryn Baird contribuyó a este informe.

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