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Astrid, la víctima más joven del COVID-19 en Florida

Suny Galindo viajó con Astrid, su única hija, hace un año para escapar de la pobreza y violencia en Honduras. El coronavirus se llevó a la niña en tres días.

CENTRO Tampa

TAMPA - Astrid Reyes era una niña valiente cuando su madre la trajo a Estados Unidos hace un año. Las dos estaban escapando de la pobreza y la violencia que han aumentado en Honduras.

El viaje duró un mes. Tanto la madre como la hija eludieron los peligros que enfrentan los inmigrantes en su búsqueda para llegar a Estados Unidos y solicitar asilo. Soportaron inclemencias del tiempo, los abusos de los coyotes y el acecho de delincuentes. Durmieron a la intemperie y pasaron hambre hasta llegar a la ciudad mexicana de Reynosa, en el estado de Tamaulipas. Desde allí, cruzaron el Río Grande hacia Texas.

Del grupo de 30 inmigrantes que intentaron cruzar, solo Astrid y su madre, Suny Galindo, no fueron interceptadas por agentes de la patrulla fronteriza.

Astrid nunca se quejó durante esa dura jornada. Nunca derramó una lágrima. Tenía 6 años.

“Era una niña muy inteligente y madura para su edad”, dijo Galindo, de 24 años. “Era mi única hija y me decía: mamá, siempre estaré aquí para cuidarte”.

El 19 de agosto, Astrid murió en la sala de emergencias del Johns Hopkins All Children’s Hospital en St Petersburg, tres días después de que ingresara inconsciente y con convulsiones.

Es la persona más joven en Florida en morir por complicaciones del COVID-19, la enfermedad respiratoria causada por el coronavirus.

El nombre de Astrid se agregó a la lista de al menos ocho niños que murieron por complicacionesdel COVID-19 en Florida desde que comenzó la pandemia, junto con un niño de nueve años, dos de 11 años, dos de 16 y dos jóvenes de 17 años.

La mayoría de los casos y muertes registrados por coronavirus se han producido en adultos, y es menos probable que los niños tengan síntomas graves cuando se infectan. De los seis millones de casos reportados en Estados Unidos, alrededor de 265,000 fueron en niños, aproximadamente cinco por ciento del total de casos, según informes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Sin embargo, algunos niños se enferman gravemente y mueren.

Astrid Reyes, a quien las autoridades nombraron la víctima más joven de COVID-19 a los 6 años, soñaba con el día de su cumpleanõs y estaba contenta de comenzar el año escolar [ LUIS SANTANA | Times ]

Astrid nació con un soplo al corazón. En Honduras, los médicos le dijeron a Galindo que no era grave y que su hija podía vivir con normalidad. Antes de su muerte, Astrid no estaba tomando ningún medicamento y nunca había sido operada.

Pero Astrid comenzó a sentirse enferma la mañana del 16 de agosto, un domingo. Su madre dijo que Astrid se despertó y se quejó de que tenía dolor de cabeza y un dolor agudo en la pierna izquierda. Minutos más tarde, tuvo un ataque y dejó de responder.

Galindo quedó atónita por el desarrollo de los acontecimientos.

“Compartimos la misma habitación y el día anterior Astrid se sentía muy bien. Pero se despertó quejándose de dolor. Su frente estaba caliente. Ella empezó a convulsionar y pedí ayuda”, dijo Galindo.

La madre llevó a Astrid al Florida Hospital, en Fletcher Avenue, a ocho minutos de su casa. Astrid fue trasladada en helicóptero al All Children’s.

“Los médicos intentaron de todo”, dijo Galindo, pero el daño al cerebro de su hija era irreversible. Astrid estuvo conectada a una máquina desde el domingo hasta el miércoles, cuando su madre dio el visto bueno para desconectarla.

“Se tomó la decisión”, dijo Galindo. “No quedaba nada por hacer”.

Galindo dijo que es difícil creer que su hija estuviera infectada con COVID-19. Astrid estuvo sana toda la semana hasta el día de la emergencia. No tenía temperatura, erupción cutánea u otros síntomas que presentan los niños y que están relacionados con el COVID-19.

Pero Astrid dio positivo a una prueba de descarte, según un informe de investigación de la Oficina del Médico Forense de Pinellas-Pasco. El informe indicó que Astrid sufrió un edema pulmonar bilateral y dos hemorragias internas.

La semana pasada Astrid habría cumplido 7 años.

“Quería enviarla a la escuela, para que comenzara el primer grado”, dijo Galindo mientras miraba las fotos de su hija en su teléfono celular durante una entrevista reciente.

En cada foto, hay una sonrisa en el rostro de Astrid.

Astrid, de 6 años, y su madre Suny Galindo, de 24, vinieron de Honduras hace un año. Eran inseparables. [ Courtesy of Suny Galindo ]

“Este era el teléfono que le gustaba usar para ver sus videos favoritos”, dijo Galindo.

Astrid amaba pintar, dibujar y hacer manualidades. Se deleitaba viendo videos de artesanías en YouTube y estaba aprendiendo inglés a la velocidad del rayo.

Rosa Hernández, amiga de la familia Galindo y consejera espiritual de la congregación Alfa y Omega en Tampa, dijo que Astrid era una niña muy querida en la comunidad.

“La extrañamos mucho porque ella nos iluminaba con su sonrisa todo el tiempo”, dijo Hernández. “Estuve con la familia muchas veces. Era una niña amable y muy apegada a su madre, con muchas ganas de vivir”.

El día antes de la muerte de Astrid, madre e hija fueron de compras, pasaron la tarde juntas y asistieron a un servicio religioso.

Esa tarde, Galindo le dio a su hija un juego de bolígrafos de Mickey Mouse antes de su cumpleaños.

“Astrid estaba muy emocionada por su cumpleaños”, dijo Galindo. “Habría sido un gran día para todos. Es muy difícil creer que ella ya no esté con nosotros”.

*Si desea ayudar a la madre de Astrid visite la campaña de recaudación de fondos en GoFundMe titulada “An Angel has earned her wings’.

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