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Soledad en tiempos de pandemia

La enfermera Elizabeth Attar guarda un kit de recolección de prueba de COVID-19. AdventHealth abre un nuevo sitio de prueba de COVID-19 no invasivo y gratuito en el estacionamiento de Adventure Island.
La enfermera Elizabeth Attar guarda un kit de recolección de prueba de COVID-19. AdventHealth abre un nuevo sitio de prueba de COVID-19 no invasivo y gratuito en el estacionamiento de Adventure Island. [ LUIS SANTANA | Times ]
Publicado Mar. 3
Actualizado Mar. 3

Por Mario Quevedo

Especial para CENTRO Tampa

Bien amigos, hoy el tema es difícil. Difícil y nada nuevo pues ya ha sido extensamente analizado, visto, examinado y tanteado por muchos. Y hoy somos casi todos los que lo sentimos. Hablo de la soledad. Sentimiento que nos embarga debido al miedo, la pandemia, el coronavirus, o el apodo que usted prefiera utilizar.

Tenemos maestros que han tratado el tema y a dos de ellos me refiero por obligación y por respeto. No soy yo tan capacitado como para dictar catedra. Puedo y busco ayuda. Por supuesto, desde otros niveles.

García Márquez con Cien años de soledad y Octavio Paz que, en El laberinto de la soledad, reflexiona sobre la identidad de México y los valores culturales que mueven los hilos de su historia. Otro maestro, pero (empezamos bien), callejero, Rolando Laserie populariza su canción Hola Soledad, a la que saluda como “un viejo amigo”.

García Márquez gana el Nobel de literatura con su obra que narra la historia de Macondo. Esta novela se da en el marco de una corriente latinoamericana denominada Realismo Mágico, que procura mostrar lo irreal o maravilloso como cotidiano, desnaturalizar lo real y exagerar la realidad. En la novela de García Márquez nos encontramos frente a un pueblo que, si bien tiene una ubicación geográfica clara en Colombia, está apartada del resto del mundo con conflictos sociales, que llevarán a la huelga general y posterior represión por parte del Ejército.

Al recibir el Nobel de literatura en 1982, García Márquez recoge el tema, nos habla de “La soledad de América Latina” y rechaza la interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos solo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios, indicando que la violencia y el dolor desmesurados de nuestra historia son el resultado de injusticias seculares y amarguras sin cuento.

Por su parte, Octavio Paz, en El laberinto de la soledad, al reflexionar sobre la identidad de México, sus valores culturales y los hilos de la historia busca -según los maestros-, los símbolos, modales y rituales de la cultura que lo lleva a la convicción de que el ser mexicano se funda en la soledad como imagen histórica.

Y entonces, Orlando Laserie nos canta como no le extraña la presencia de esa soledad; como nos dice la canción. Hola Soledad, “casi siempre estás conmigo, te saluda un viejo amigo. Este encuentro es uno más”.

Bueno, después de tantas y tantas vueltas, sé que más de uno estarán pensando que aquí quien piense o diga que este Quevedo se fue por la tangente y se perdió en el mundo de las palabras.

No, mi amigo, simplemente busco compañía. La dichosa pandemia, el covid, el miedo a la muerte o a la enfermedad, me han llevado a una semi soledad que puede ser espantosa.

La televisión nos muestra constantemente los estragos del sufrimiento. No sé, como que la vida gira solamente en torno al temor. Yo nunca he matizado mi forma de ser mas allá de lo que se puede considerar como de ser un poco extraño o alejado.

Sin embargo, no puedo aceptar calladamente este temor comunitario que nos lleva al aislamiento personal. Si, acepto que ante el peligro es necesario tomar medidas para evitar el contagio y el sufrimiento.

Las mascarillas, las vacunas, la separación personal, el espacio necesario para evitar la contaminación. Nada, que todo esto nos lleva a un aislamiento casi total que nos hace cambiar profundamente nuestra forma de ser, de actuar, de vivir.

Y aquí el temor a llegar al Macondo que describió Vargas Llosa cuando “inicia una existencia monótona y ruinosa de aislamiento y pobreza, hasta convertirse en un pueblo muerto, deprimido por el polvo y el calor (…), llegando al límite extremo de la decadencia”. A la ultima etapa de la vida de Macondo con el diluvio que provoca la partida de la compañía bananera y de los extranjeros que habían llegado allí por sus fuentes de trabajo.

Yo no soy un Buendía cualquiera. Yo como que me siento que tengo que rebelarme, buscar sentido en la vida aislada por el miedo a la infección.

Cuidado, por supuesto. Tenemos la responsabilidad y obligación de no ser parte del proceso de ampliación de la enfermedad. No podemos ponernos nosotros o los que nos rodean, en posición de peligro ante la posible infección. Pero no podemos tampoco permitir que esa responsabilidad se convierta en una sencilla orden de soledad absoluta.

Nos toca vivir un momento muy, pero muy difícil y tenemos que darle frente como seres humanos que entendemos, nos preocupamos por el presente doloroso y solitario a la vez que nos preparamos para un estilo de vida nuevo en el futuro cercano siempre con un cierto control; pero yo busco alternativa al aislamiento total.