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  1. CENTRO

Entrega y solidaridad con la comunidad

El Hombre Hispano del Año es el veterano de las Fuerzas Armadas Rómulo “Romy” Camargo. El reconocimiento hace eco a su patriotismo y entrega por la libertad.
Rómulo "Romy" Camargo, suboficial en jefe de las Fuerzas Especiales del Ejército retirado, posa para un retrato en el centro de recuperación de lesiones de médula espinal cerebral Stay in Step, que dirige con Gabriela Camargo, su esposa.
Rómulo "Romy" Camargo, suboficial en jefe de las Fuerzas Especiales del Ejército retirado, posa para un retrato en el centro de recuperación de lesiones de médula espinal cerebral Stay in Step, que dirige con Gabriela Camargo, su esposa. [ MARTHA ASENCIO RHINE | Times ]
Publicado Oct. 13

Redacción CENTRO Tampa

TAMPA - Rómulo “Romy” Camargo es un héroe cuyo ejemplo ha servido de aliento e inspiración para muchos jóvenes y miembros de las Fuerzas Armadas. Su perseverancia, amor por el prójimo y solidaridad con su comunidad no solo tocaron las fibras más íntimas de la gente dentro y fuera del país. También han sido un punto de partida para muchos soldados con limitaciones físicas debido a los rigores de la batalla.

Su ejemplo habla por sí solo. Por su liderazgo, solidaridad con su comunidad y persistencia Camargo fue elegido Hombre Hispano del Año por el Comité de la Herencia Hispana de Tampa, Inc. (THHI, por sus siglas en inglés). Camargo y Mónica Rodríguez, Mujer Hispana del Año, serán homenajeados durante una gala local el 16 de octubre en el Hilton Tampa Downtown, 211 N. Tampa Street.

Camargo, 45, llegó a ser un Oficial Técnico 3 (Chief Warrant Officer 3) de las Fuerzas Especiales del ejército estadounidense. Fue herido en Afganistán el 16 de septiembre del 2008. Una bala le perforó el cuello, le comprometió la médula y terminó paralizándole la mayor parte de su cuerpo. Lejos de rendirse, Camargo y su esposa Gabriela Rivero fundaron en junio del 2015 una organización sin fines de lucro, Stay In Step Spinal Cord Injury Recovery Center, en Tampa, para ayudar y rehabilitar a los soldados heridos gravemente en batalla.

Su visión y compromiso con la comunidad han sido fundamentales para la recuperación de hombres y mujeres de las fuerzas armadas que han sufrido lesiones cerebrales y de la médula espinal, en Tampa. El centro no solo tiene la particularidad de brindar servicios a militares y civiles sino que también estimula la unión de la familia con programas de apoyo para las madres y las esposas de los pacientes.

El premio más alto que otorgan los miembros del Comité del THHI realza el trabajo, compromiso y dedicación de personas que se han distinguido por múltiples motivos. Esto incluye el hecho de que no solo sean bilingües sino que tengan una visión integral del panorama que toca a los hispanos dentro y fuera de sus comunidades.

“Estamos muy emocionados de celebrar a Romy y Monica. A través de su arduo trabajo y dedicación hacen de la comunidad de Tampa Bay un lugar mejor”, dijo Maribel Garrett, presidenta del THHI.

Camargo es un hombre sencillo, de ideas rápidas y fortaleza ejemplar. Nunca se ha dado por vencido y está seguro de que su ejemplo servirá para las nuevas generaciones de veteranos que se encuentran en situaciones difíciles, pero no imposibles de superar.

Camargo suele hablar con tono calmado y la seguridad de un soldado que siempre se preocupó por sus subalternos. En el momento del ataque que sufrió, su primera reacción fue proteger a la gente que lo rodeaba de la lluvia de balas.

“Eso dice mucho de un hombre que ama a su país y familia”, dicen quienes han seguido su carrera y servicio desde que se sumó al ejército de los Estados Unidos desde el 6 de abril de 1995.

Amigos y familiares levantan sus copas para brindar por Rómulo Camargo, centro derecha, con camiseta roja.
Amigos y familiares levantan sus copas para brindar por Rómulo Camargo, centro derecha, con camiseta roja.

Camargo tenía 33 años cuando sufrió el ataque. El impacto de la bala requirió cirugías complicadas y mucha paciencia y fuerza de voluntad de sus seres queridos.

A pesar de todo Camargo logró superar las limitaciones y las pruebas que la vida le impuso a nivel de su salud. Pero no solo eso: decidió que su caso se transformase en un foco de ayuda para los demás.

Hijo de madre venezolana y padre colombiano, Camargo conoció a su esposa cuando era un adolescente en la ciudad de Cumaná, en el estado venezolano de Sucre. El matrimonio tiene dos hijos, Alina, y Andres.

En el ejército Camargo se destacó rápidamente por su entrega, liderazgo y capacidad de servicio. En varias ocasiones fue enviado a bases militares alrededor del mundo. Su arrojo le valió múltiples condecoraciones de las fuerzas armadas, incluyendo la Estrella de Bronce, el Corazón Púrpura y la Medalla al Servicio Meritorio.

El día en que sufrió el ataque Camargo estaba cumpliendo una misión humanitaria. Lo acompañaba un grupo de 15 soldados del batallón Boinas Verdes (Green Berets) y aproximadamente 20 policías locales. Era su tercera misión en Afganistán; en las dos primeras estuvo alrededor de ocho meses.

Camargo resultó siendo el único herido en la emboscada. Tres días después fue trasladado de emergencia al Walter Reed Medical Center, en Washington D.C. Un mes más tarde el ejército ordenó que fuese atendido en el hospital de veteranos James A. Haley, en Tampa. Allí permaneció hasta abril del 2010.

En agosto de ese mismo año Camargo solicitó a un panel de médicos y especialistas de las fuerzas armadas que le permitiese someterse a un tratamiento de células madre, en Portugal. Su solicitud fue aprobada en mayo del 2011. Camargo recibió el tratamiento y posteriormente empezó a recuperar cierta sensibilidad en el cuerpo y las extremidades.

Fue el primer militar en servicio activo en recibir un tratamiento de estas características. Su caso permitió que otros soldados con lesiones críticas soliciten este tipo de intervención fuera del país.

Garrett dijo que Camargo es un modelo a seguir por su arrojo y fortaleza espiritual. Su centro fue fundado con la intención de atender y facilitar la recuperación de personas que, como él, tenían que hacer múltiples sacrificios y largos viajes para ser atendidos.

“La historia de Romy es única. Junto con su esposa, Gaby, han creado un espacio donde las personas con lesiones en la médula espinal pueden continuar mejorando en un ambiente seguro y acogedor”.

Para más detalles sobre el proyecto visite el sitio electrónico www.stayinstep.org