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Cuba, Navidad con precio alto

En Cuba no hay nada. Las infraestructuras siguen desmoronándose por la falta de inversión, la comida casi ni existe. Las raciones son menores. Mientras tanto la vida continúa. Otra Navidad sin juguetes y sin lechón.
Una bodega en Cuba donde los ciudadanos de a pie van a reclamar su ración mensual.
Una bodega en Cuba donde los ciudadanos de a pie van a reclamar su ración mensual. [ Foto: YouTube ]
Publicado Dic. 13, 2022

CENTRO Tampa

Hace unos días se cumplieron seis años del fallecimiento de Fidel Castro… Recuerdo a muchos de mis amigos exiliados bailando en West Tampa y celebrando la partida terrenal del dictador cubano. Revisando algunos artículos encontré uno que escribí entonces y que sigue vigente, por eso me aventuro a compartirlo de nuevo solo para refrescar la memoria de muchos que son ajenos a la realidad histórica.

Admiro a los que siguen luchando por la libertad de un pueblo oprimido, un pueblo que parece que se ha conformado a su desdicha.

Mientras celebrábamos la llegada de las festividades de fin de año, unos amigos me contaron que las protestas siguen en la isla, pero que el miedo ha aumentado porque a los jóvenes los llevan presos por años. Les roban la juventud.

En esta época del año en que todo se viste de Navidad también recuerdo a muchos cubanos que me contaron que en Cuba estaba prohibido celebrar la Navidad. Los que la celebraban lo hacían en secreto. Solo fue hasta la visita del papa Juan Pablo II en 1998 que pudieron celebrarla en iglesias.

Hoy en día no hay nada en la isla, no hay lechón como muchos dicen, la verdad los pocos que consumen carne es porque los familiares están viajando con maletas llenas de carne embutida para que sus familiares recuerden el sabor de ese producto.

***

Les dejo de nuevo este texto que titulé ‘La Cara Oculta de Cuba’

La ideología de Fidel Castro recorrió varios de nuestros países. En Colombia, mi país natal, fue uno de los protagonistas del llamado ‘Bogotazo’ que se dio tras la muerte del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948. Los historiadores aseguran que vieron a Castro, entonces de 22 años, corriendo con un fusil en mano por las calles de la capital colombiana. El arma había sido robada en una estación de policía el día del asesinato del caudillo. Su ideología alimentó a varias de las guerrillas más sangrientas en Latinoamérica.

Sin embargo, Castro fue un encantador de culebras y tuvo amigos ‘famosos’, entre ellos Maradona, Hemingway, Hugo Chávez y hasta el nobel Gabriel García Márquez, quien trató de mostrar el lado humano de un dictador con una retórica que enamoró a miles. Muchos estudiantes soñaban con estudiar en la escuela de Cine de San Antonio de los Baños, muchos proclaman ‘sentir profundamente’ la pérdida de un líder. Pero pocos han vivido y sufrido con las lágrimas de los miles de exiliados que claman justicia y libertad para su pueblo. Desde que emigré a Estados Unidos, entendí el dolor de aquellos que lo dejaron todo, que en el medio de la noche tuvieron que correr con solo lo que tenían puesto, que mandaron a sus niños solos en la Operación Pedro Pan al ‘país del nunca jamás’ para que no hicieran parte de una revolución sangrienta.

Maranda Quevedo, a la izquierda, abraza a Conchita Rodríguez mientras celebran la muerte de Fidel Castro en West Tampa, noviembre de 2016.
Maranda Quevedo, a la izquierda, abraza a Conchita Rodríguez mientras celebran la muerte de Fidel Castro en West Tampa, noviembre de 2016.

No me alegro de ninguna muerte, pero sé que la muerte de Fidel la anheló el verdadero exilio cubano por más de 50 años, a todos ellos Castro les quitó un pedazo del alma. No olvidaré a la cubana Mily Valdés contarme en junio de 2010 cómo, tras más de 12 años, logró ver a su esposo de nuevo y salir de la isla, pese a que oficiales de inmigración le aseguraban que ‘primero les saldrían pelos a las ranas antes de que ella pudiera salir de la isla’. Valdés salió con sus tres hijos y su suegra enferma en el éxodo del Mariel y desde la embarcación Capitan JH les gritó a los comunistas: “A la rana le salieron pelos’. Ella falleció sin saber que el dictador finalmente había muerto.

No olvidaré a Alfredo Moreno, expresidente de la Casa Cuba y con quien tuve el placer de hablar en múltiples ocasiones. Moreno falleció en el 2015 sin ver su patria libre. No olvidaré lo que dijo en uno de mis reportajes: “Sigan adelante, no se cansen porque yo, aunque enfermo, aún no me he cansado”. Esas palabras de Moreno eran para los exiliados y le salieron del alma mientras lloraba la desventura de la isla desde su lecho de muerte.

No olvido el relato de la Dama de Blanco Caridad Caballero, quien recibió múltiples golpizas y se refugió en el área de la Bahía de Tampa: “Nuestra familia llevaba muchos años de sufrimiento a mi esposo le fusilaron tres tíos en los 60, donde Raúl Castro tenía un campamento, en el área de Guantánamo que se llamaba ‘El Aguacate’. Somos una familia muy reprimida por el régimen”. No olvidaré la entrevista que me concedió el recién liberado Dr. Óscar Elias Biscet contándome las condiciones de su encarcelamiento, donde lo mínimo que le pasaba era que los bañaran con orín y estiércol. Y escucharlo decir que seguirá denunciando lo que ocurre en Cuba porque “la libertad es superior al temor” fue una lección de valor asombrosa. Tampoco olvidaré las palabras de Jorge García Pérez ‘Antúnez’, el ‘Nelson Mandela cubano’, quien estuvo privado de la libertad por 17 años: “Me azuzaron perros, me negaron el derecho de asistir al funeral de mi madre, me golpearon, vi asesinar al hermano mío, vi crecer mi condena de una manera desmesurada”, dijo Antúnez.

Jorge Tamargo Jr. y Caruca Quevedo, celebrando el fallecimiento de Fidel Castro cerca de la antigua ubicación de  Arco Iris Restaurant.
Jorge Tamargo Jr. y Caruca Quevedo, celebrando el fallecimiento de Fidel Castro cerca de la antigua ubicación de Arco Iris Restaurant.

Ni dejaré de lado los relatos de nuestros héroes, el coronel Orlando Rodríguez, preso en Cuba tras integrar la Brigada 2506. Él fue quien me avisó a través de una llamada telefónica y cerca a la media noche del 25 de noviembre que Fidel había muerto. Contesté asustada, era justo el día después de Acción de Gracias.

No olvidaré cuando Roberto Pizano, preso político por 18 años, contó a nuestro semanario que: “Una noche me sacaron en un camión con siete personas más, a esta fecha todavía no sé quiénes iban conmigo. Con nosotros montaron ocho ataúdes y nos llevaron a una cantera que le decían El Capiro, en Santa Clara. Fusilaron a los siete que iban conmigo y a mí me dejaron vivo para que el miedo me hiciera hablar y delatara a los que habían estado conmigo en la lucha”.

Tampoco olvidaré la historia que he aprendido estos años, las lágrimas de los que lo perdieron todo, los que perdieron parte de su niñez esperando ser reunificados con sus padres, los que fallecieron en 1994 en el remolcador del 13 de marzo, cuando barcos equipados con agua a presión hundieron una embarcación cubana, 41 murieron, 10 menores de edad. Los sobrevivientes narraron la desgarradora escena. Los miles de ahogados en el Estrecho de la Florida huyendo en balsas improvisadas. [ … ] Esas son las voces a las que nos debemos (los periodistas), las voces de nuestra comunidad, las voces del exilio … porque la libertad no tiene precio.

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